
Max Leiva
De Guatemala nos llega el ingenio creativo de Max Leiva, quien nos ofrece una obra nacida de su fecundo imaginario personal, ideas, percepciones, pensamientos,
conceptos, experiencias, convertidos en germen para una obra imponente y para madurar lo que es una expresión artística muy propia. Se deduce que la profusión de influencias venga de haber crecido bajo el influjo cultural del mestizaje y a sus viajes por el mundo, que le han puesto en contacto con las características de otros pueblos, similitudes y diferencias entre las distintas realidades del ser humano.
El carácter inquieto e indagador del artista, se traduce en el dinamismo de sus figuras, en el movimiento que intuimos hasta en las posturas de quietud. Su obra nos transmite la constante exploración de quien es seducido por la figura humana y sus posibilidades expresivas, así como los temas relacionados a su esencia misma y su comportamiento en sociedad.
Las vivencias personales serán definitivamente elementos participantes en su trabajo. Para Max que representó al ciclismo guatemalteco en dos olimpiadas, el arte y el
deporte son factores influyentes en el crecimiento intelectual y espiritual de las personas. Vemos en la búsqueda de los límites físicos y atléticos de sus personajes, la
disciplina férrea del deportista y su inclinación por el movimiento.
La experiencia de crear, el simple hecho de dar rienda suelta a su imaginación y producir el resultado deseado son fundamentales, siendo la observación, la curiosidad y la persistencia claves en su procedimiento; una idea original juega un rol determinante, pero reconoce que la paciencia y el esfuerzo son esenciales para todo.
Se encarga de la construcción de cada pieza y supervisa los procesos posteriores hasta su finalización. Luego dejará que sea el espectador quien aplique su perspectiva y encuentre un significado particular en la obra. La evolución de Max para convertirse en un maestro de la plástica no fue inmediata,
fue más bien un desarrollo paulatino de circunstancias que lo llevaron hasta definir su verdadera vocación. Su recorrido no ha seguido un patrón predecible, pero esto mismo le ha permitido desarrollarse plenamente. Podría decirse que su preparación ha seguido el derrotero renacentista, situando al ser humano en el centro y promoviendo la indagación, el pensamiento crítico y la experimentación. Ese jovencito a quien le gustaba desmontar y volver a armar objetos que le parecían interesantes, iniciaba sin saberlo el camino del artista, del creador que comprende su obra pero que sabe que siempre puede aprender. Su preparación académica se inicia en el país natal para luego alimentarse de conocimiento en el extranjero.
Con una trayectoria que reúne tres décadas, desarrollando obras de pequeño y gran formato así como esculturas urbanas, Max Leiva dibujante, pintor, escultor, guía y
ciudadano universal, ha utilizado bronce, resina, hierro o aluminio para brindarnos un espectáculo artístico de evidente energía. Bien podemos imaginar sus personajes inmersos en situaciones atemporales, desafiando los tiempos y las circunstancias, con la gallardía de un jugador en una cancha de pelota prehispánica o la dignidad del observador frente a la vida que ve pasar. No son personajes locales, Max les ha convertido en habitantes del mundo que interpelan nuestra percepción. Su obra ha recibido reconocimiento global y se encuentra ubicada en espacios públicos, así como en numerosas colecciones privadas.




